Lo que queda:
Una historia de amor que jamás comenzó.

Otra historia de amor que terminó.

Una historia de aeropuertos a los que se añora regresar algún día.

Collages de fotos rotas, libretas y recortes. 2010.



Desde la azotea de su casa ella contempla el atardecer.
Cielo naranja, luego rosa, finalmente azul oscuro.
A la mitad del cielo, iluminando descaradamente, reconoce la primera estrella de la noche. Recuerda a su madre, que de niña le decía: “la primera estrella de la noche cumple deseos, pide un deseo”.
Ella obedece; pide un deseo (o cien):
“Salud, fuerza, paciencia, amor, trabajo, para mí, para S. M. y E., para C. para R. y F. D. para X. y K. ,y L,...para A, sí también para A…aunque ya no nos queramos, aunque nos olvidamos, rompimos promesas y no le importe lo que ocurra conmigo, aunque no piense en mí ni yo en él, aunque…¿un momento?...”- detiene su plegaria, confundida:
La primera estrella se comporta extraño…se ha movido de lugar.
“Pinches aviones…ojalá esos también cumplan deseos”- piensa mientras suelta una pequeña carcajada. Acaricia a los perros, termina de beber el vino y regresa a su cuarto.