Mostrando entradas con la etiqueta Marguerite. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marguerite. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de noviembre de 2008

De la selva y el deconstructivismo; odio los insectos


En un salón de clases en algún lugar de la ciudad de México:
Profesor apasionado:
¡Ustedes tienen que liberarse de sus nociones preconcebidas, ideas sociales, que en realidad no son suyas! Olviden la cultura y la historia que les preceden, renuncien a ellas y entréguense como un animal en la selva amazónica, respondiendo a su instinto, reinventando el pensamiento; ¡entonces así fluirá la escritura!
Panda:
Pero…¿porqué querría hacer algo así? A mí me da horror la selva, allí hay mosquitos, anacondas, tarántulas y no hay libros de Marguerite Duras…
Profesor apasionado y con sentido del humor:
ja…

Nota:
Esto es una libre adaptación de un suceso que casi ocurrió así y lo escribo con todo el respeto para Álvaro que me dejó llegar una hora tarde a su clase y además comentar este tipo de ocurrencias.

martes, 9 de septiembre de 2008

La música...


Voz 2.- Es sabido, los leprosos explotan como bolsas de polvo.
Voz 1.- ¿No sufren?
Voz 2.-No. Para nada. Se ríen.
(silencio).

Marguerite Duras, "India Song".

viernes, 8 de agosto de 2008

El vicecónsul

Ella separa la mirada del libro y se escapa un sonido cuando inhala. Una pequeña exclamación, como si hubiese pasado demasiado tiempo sin aire.
Cuando sus ojos dejan de tocar las letras, se siente como arrancada de la historia. Resiente.
Dulce náusea, insoportable e indispensable- piensa- como me lo habían prometido.
Quiere levantarse ahí, en esa sala elegante, bajo ese techo alto, donde personas esperan con nerviosismo; sin saber lo que ella está viendo en ese instante; quiere pararse en el sofá blanco de diseñador sueco con nombre impronunciable en español, y gritar: ¡la vida apesta a perfume cuando en un enorme jardín de gardenias, el vicecónsul contempla una bicicleta abandonada en la cancha de tenis!!!
El maldito calor.
En la sala llena de extraños ella desaparece en el libro, pero este libro es de cuidado, como todos los buenos libros deben ser. Este libro la sujeta deliciosamente hasta que está tan invadida por el vicecónsul, que tiene que detener la lectura.
Piensa en el abandono de los padres hacia sus hijos. Piensa en el monzón, ríos crecidos, los arrebatos, el cuerpo entregado y la locura. Piensa en todo eso, en ese sitio elegante y poco acogedor.
Piensa en el amor. Ella siempre está pensando en el amor.
Y por un momento lo desconoce. Ahí sentada, no lo logra distinguir.
Excitación y dolor al mismo tiempo.
Separa la mirada del libro y se encuentra con dos miradas curiosas que ven el título del libro.
Una chica tan bonita que no necesita maquillaje y su novio.
La chica bonita sin maquillaje dice: estás bien picada, se ve que está bueno.
Ella maquilla una sonrisa lo mejor que puede, y contesta perturbada todavía:
Algo así.

martes, 15 de julio de 2008

Marguerite

¿Ya terminaste el libro?- pregunta él.
Sí- responde ella con inseguridad.
¿Qué te pareció?-
Hermoso-
Él desconfía, encuentra tibia su respuesta ante lo que ese libro es.
Solo hermoso no es suficiente- piensa él- tal vez no lo terminó.
Es un libro grande, conmovedor ¿no?- y continúa: - ¿cómo se llama la mujer de la casa?-
Ella contesta:
No me acuerdo-
Ella se acuerda, sabe quién es la mujer de la casa, pero se da cuenta de la desconfianza, nota que él duda que terminara el libro, se siente evaluada. Sabe que no podrá decir nunca cuánto la estremeció aquella lectura, las palabras no le alcanzan, el corazón se siente empequeñecido ante la grandeza de aquellas frases, a veces el mejor comentario es un silencio cargado de pensamiento. Cierra los ojos, ve el mar, el calor, escucha las sirenas del fuego, la invade una blancura ardiente.
S. Tahala- dice ella sonriendo. Sabe que en el libro, todos están, son y se llaman S. Tahala.
Acompáñame mañana a comprar el libro anterior a este, quiero que lo leas para que entiendas- dice él
Sí, para que entienda-

Ella entiende.
El amor.