Miro el cabello de Natalia y noto lo largo que está. Caireles dorados asoman por detrás de sus orejas.
Lo encuentro precioso y quiero decirle que su cabello ha crecido como una hermosa enredadera:
-Ven, tengo que decirte algo sobre tu pelo- le digo mientras ella se mece en la silla.
-No quiero- me contesta con una sonrisa provocadora.
-Anda, ven, es importante- insisto tratando de intrigarla.
-Nada sobre el pelo puede ser importante- declara absolutamente convencida.
Ojalá todas fuéramos así, como niñas de cinco; sabias y calaras…aun sin pelo.
-No quiero- me contesta con una sonrisa provocadora.
-Anda, ven, es importante- insisto tratando de intrigarla.
-Nada sobre el pelo puede ser importante- declara absolutamente convencida.
Ojalá todas fuéramos así, como niñas de cinco; sabias y calaras…aun sin pelo.